Reforma de las pensiones en españa

el extremismo crecerá en españa, italia y francia mientras los banqueros

El régimen estatal de pensiones forma parte del sistema de la Seguridad Social en España. En España hay dos categorías de pensiones: contributivas y no contributivas. El sistema de pensiones se financia con un impuesto sobre las nóminas. El trabajador paga el 4,7% de su salario, mientras que los empresarios deben aportar el equivalente al 23,6% del salario del trabajador[1].

Las pensiones no contributivas sujetas a la comprobación de los recursos económicos[2] se dirigen a los hogares con bajos ingresos y a los discapacitados. Los beneficiarios no deben haber estado afiliados a la Seguridad Social durante su vida laboral. En el año 2000, los beneficiarios de las pensiones no contributivas fueron 471.275 pesetas.

En 2010, para tener derecho a la pensión, el beneficiario no puede tener unos ingresos mensuales o anuales iguales o superiores a la pensión no contributiva de 339,70 euros al mes (4.755 euros al año). Los ingresos de las personas que conviven con el solicitante se tienen en cuenta a la hora de decidir el derecho a la pensión[3]. En 2012 la pensión se elevó a 357,70 euros al mes. Si la pensión fue reclamada directamente por la persona, se añaden 2 meses adicionales de pensión a lo largo del año para que sean un total de 14 meses al año de pensión. Si la persona discapacitada fue reclamada por un padre o tutor, entonces sólo hay 12 meses de pensión al año. En ambos casos, la cuantía es la misma, pero el total del año es mucho mayor si lo solicita la persona discapacitada que si lo hace el padre o el tutor.

españa: vuelve a surgir el debate sobre la reforma de las pensiones

El régimen estatal de pensiones forma parte del sistema de la Seguridad Social en España. En España hay dos categorías de pensiones: contributivas y no contributivas. El sistema de pensiones se financia mediante un impuesto sobre las nóminas. El trabajador paga el 4,7% de su salario, mientras que los empresarios deben aportar el equivalente al 23,6% del salario del trabajador[1].

Las pensiones no contributivas sujetas a la comprobación de recursos[2] se dirigen a los hogares con bajos ingresos y a los discapacitados. Los beneficiarios no deben haber estado afiliados a la Seguridad Social durante su vida laboral. En el año 2000, los beneficiarios de las pensiones no contributivas fueron 471.275 pesetas.

En 2010, para tener derecho a la pensión, el beneficiario no puede tener unos ingresos mensuales o anuales iguales o superiores a la pensión no contributiva de 339,70 euros al mes (4.755 euros al año). Los ingresos de las personas que conviven con el solicitante se tienen en cuenta a la hora de decidir el derecho a la pensión[3].

En 2012 la pensión se elevó a 357,70 euros al mes. Si la pensión fue reclamada directamente por la persona, se añaden 2 meses adicionales de pensión a lo largo del año para que sean un total de 14 meses al año de pensión. Si la persona discapacitada fue reclamada por un padre o tutor, entonces sólo hay 12 meses de pensión al año. En ambos casos, la cuantía es la misma, pero el total del año es mucho mayor si lo solicita la persona discapacitada que si lo hace el padre o el tutor.

se producen altercados en la marcha contra la reforma de las pensiones en francia

El envejecimiento es el principal reto para los sistemas de pensiones de reparto de los países desarrollados. La mayoría de ellos están siendo reformados para adaptarse a la nueva realidad demográfica. El conjunto de reformas aplicadas incluye el aumento de la edad de jubilación, la reducción de la tasa de sustitución o la introducción de un factor de sostenibilidad que vincule la pensión a la esperanza de vida. El objetivo de este trabajo es analizar las posibles consecuencias de otro tipo de reforma que se encuentra en una fase muy incipiente en España, pero que podría tener un impacto significativo si se aplicara plenamente. Esta reforma, llamada «reforma silenciosa» porque es imperceptible para los ciudadanos en sus primeras etapas, consiste básicamente en aumentar las pensiones máximas en función de la inflación en lugar del crecimiento de los salarios o de la productividad. Esta política está reduciendo la tasa de sustitución sólo para los trabajadores con mayores ingresos y aumentando el componente redistributivo del sistema. Este trabajo es el primero que cuantifica y evalúa las posibles consecuencias de este tipo de reforma en España. Hemos utilizado un modelo contable con agentes heterogéneos y generaciones solapadas para proyectar el gasto en pensiones para las próximas seis décadas. Los resultados muestran que este tipo de reforma podría potencialmente contener el gasto futuro pero a costa de cambiar la naturaleza del sistema de pensiones de un sistema contributivo o de tipo bismarckiano a un sistema de pensiones redistributivo puro o de tipo beveridgeano.

¿por qué son insostenibles las pensiones francesas?

El envejecimiento es el principal reto para los sistemas de pensiones de reparto de los países desarrollados. La mayoría de ellos están siendo reformados para adaptarse a la nueva realidad demográfica. El conjunto de reformas aplicadas incluye el aumento de la edad de jubilación, la reducción de la tasa de sustitución o la introducción de un factor de sostenibilidad que vincule la pensión a la esperanza de vida. El objetivo de este trabajo es analizar las posibles consecuencias de otro tipo de reforma que se encuentra en una fase muy incipiente en España, pero que podría tener un impacto significativo si se aplicara plenamente. Esta reforma, llamada «reforma silenciosa» porque es imperceptible para los ciudadanos en sus primeras etapas, consiste básicamente en aumentar las pensiones máximas en función de la inflación en lugar del crecimiento de los salarios o de la productividad. Esta política está reduciendo la tasa de sustitución sólo para los trabajadores con mayores ingresos y aumentando el componente redistributivo del sistema. Este trabajo es el primero que cuantifica y evalúa las posibles consecuencias de este tipo de reforma en España. Hemos utilizado un modelo contable con agentes heterogéneos y generaciones solapadas para proyectar el gasto en pensiones para las próximas seis décadas. Los resultados muestran que este tipo de reforma podría potencialmente contener el gasto futuro pero a costa de cambiar la naturaleza del sistema de pensiones de un sistema contributivo o de tipo bismarckiano a un sistema de pensiones redistributivo puro o de tipo beveridgeano.